Vidas Ejemplares
Jesús Franco, ese hombre
Amado por unos, detestado por otros, Jesús Franco es a sus 74 años, uno de los directores más interesantes y menos reconocidos del cine patrio. Con casi doscientas películas en su haber, este madrileño de madre cubana y músico por vocación marcó y sigue marcando- un hito en la cinematografía nacional por una razón bastante simple: haber hecho lo que nadie se atrevía a hacer cuando nadie se atrevía a hacerlo. Y por eso le dedicamos aquí un pequeño homenaje en nuestra galería de Vidas Ejemplares.Prolífico, humilde, erotómano, a veces cutre, pero siempre libre de prejuicios e hipocresías, el circuito de la serie B y Z, y las coproducciones le dieron vía libre en un territorio fílmico prácticamente inaccesible en España debido a la censura, en la época franquista, y a los avatares de la industria durante la democracia.
He procurado, y sigo en ello, ser honrado y sincero,
y poner en cada film toda mi energía, todo mi corazón, sin vanidades ridículas
ni mayores pretensiones que ofrecer al espectador un rato de felicidad.
Jesús Franco nació el 12 de mayo de 1930. Su padre era médico militar y franquista convencido y su madre una cubanita, según sus palabras, de la que heredó el swing que le permitió introducirse en la música partiendo de cierta capacidad innata para este arte. Tanto la guerra como el régimen franquista que su apellido le recuerda constantemente- y la censura que le era intrínseca le marcarían decisivamente, sobretodo debido a que desde su más temprana juventud se consideró a sí mismo un espíritu libre en busca de experiencias que le enriquecieran y le hicieran crecer como persona, lo cual, en aquella época, podía ser algo de lo más frustrante.
Gracias a su hermano Javier comienza desde niño a tomar clases de piano y solfeo, estudios que llegaría a superar con nota de sobresaliente. Estos conocimientos musicales le serían muy útiles en el futuro, como veremos, para ganarse la vida y entrar en los escasos círculos en los se movía la cultura española.
Tras pasar por un colegio de curas, ingresa en el instituto Ramiro de Maeztu, experiencia que Jesús Franco califica de muy positiva, sobretodo debido a que los profesores eran más abiertos y permitían que los alumnos desarrollaran parcelas de libertad que con los curas estaban vedadas.
INCURSIONES MUSICALES
También influenciado por su hermano Javier comienza a introducirse en el mundo de la música Jazz, lo que le permitió en sus años de adolescentes hacer un programa de radio, Ritmo en las ondas, en Radio SEU en el cual emitía junto a unos amigos este tipo de música, e incluso se permitían en ocasiones hacer versiones en directo de clásicos del Jazz. Poco a poco comienza a trabajar como músico en fiestas y reuniones de personalidades del momento. Esto le permitirá conocer a figuras de la cultura de la talla de Fernando Fernán Gómez, Juan Antonio Bardem, Saura o Tete Montoliú.
A pesar de que la música le acompañaría durante toda su vida, Jesús Franco reconoce que nunca dudó sobre su verdadera vocación: el cine. Ya en esta época de juventud frecuentaba bastante los cines de barrio en compañía de su hermano menor. En su divertida autobiografía, Memorias del tío Jess algo caótica y en la que apenas se habla de su cine, pero tremendamente amena y recomendable-, el herético Franco comenta que los cines que más le gustaban eran los de barrio. En ocasiones él y su hermano iban a cines de más calidad en los que pudo ver grandes filmes como Con su misma arma o Alarma en el expreso, pero comenta que prefería los cines de barrio porque se podía patear el suelo y le dejaban comer pipas. De hecho, llega a afirmar que los cines de barrio como muchos años después le ocurriría al venerado Tarantino, a su vez seguidor de Jess Franco, con los videoclubes- se convirtieron en su filmoteca por aquellos años. El tío Jess, como le llaman algunos de sus seguidores más encarnizados, ya se topó con la censura antes de dirigir, cuando era un mero espectador:
...Manipulaban escenas, diálogos y hasta a ciertos actores.
James Cagney y Douglas Fairbanks dejaron de existir para los españoles porque
habían estado, aunque fuese un día y de visita, con las brigadas internacionales.
Por imposición paterna, se vio obligado a estudiar derecho, carrera que reconoce no haberle interesado en absoluto. A pesar de ello acabó los estudios en la Universidad del Escorial, tras un ultimátum de su padre. Su estancia en tan inhóspito lugar es descrita por el propio Franco como una experiencia cercana a estar encerrado en Alcatraz, aunque gracias a eso consiguió acabar los estudios.
Tras volver a la capital española, consigue gracias a la UNESCO, viajar a París, donde vivió en una residencia realizando variopintos trabajos. Durante los descansos, pasaba casi todo el tiempo en la cinémathèque, en la que descubriría a autores como Jean Vigo o Clouzot. También en París conocería a Chet Baker, genial trompetista de Jazz y alma atormentada, con el que mantuvo una relación de amistad/admiración que le marcó para siempre. Dos años después de su llegada a Francia, vuelve a Madrid e ingresa en la recién creada escuela de cine tras superar un complicado examen de acceso. Allí forja aún más su amistad con Juan Antonio Bardem, con el que trabajaría por primera vez en un film: Cómicos, como parte del equipo de dirección.
Transcurrido algún tiempo, Jesús Franco consigue realizar en 1959 su primera película como director: Tenemos 18 años. No tuvo que esperar demasiado para que el régimen franquista lo considerara subversivo y "peligroso para la moral nacional." A Pesar de ello, no desistió en su empeño y en 1960 presenta su segunda película como director: Labios rojos, un thriller policiaco que se llevó a buen término, según Jess Franco, gracias a las jornadas de diez horas, a unos actores que trabajaron por la mitad de su sueldo habitual y al dinero que José María Monís, jefe de producción de algunos filmes en los que Franco había trabajado, y gran amigo suyo, iba consiguiendo como buenamente podía.
Con Labios rojos, película que pasó con mayor discreción entre los críticos y el Ministerio que su opera prima, Jess Franco consiguió continuar en el oficio de director sin perder demasiado dinero, a pesar del escaso éxito de público que cosechó la película. Pero lo más importante es que el film consiguió llamar la atención de Sergio Neuman, productor de cine de género con el que Franco trabajaría en tres películas. A su vez, Neuman le presentó al francés Marius Lesoeur, con el que el tío Jess llegaría a trabajar en más de cincuenta largometrajes, entre ellos algunos de sus preferidos entre toda su obra como La condesa Negra (19??) o El sádico de Notre Dame (1979).
Tras este periodo vuelve a París y rueda una película, Rififi en la ciudad (1964), coproducida en España por el socio de Emiliano Piedra, que a su vez produjo Campanadas a medianoche (1965). Esto provocaría que le llamaran para dirigir la segunda unidad del film de Welles, cosa que, según sus palabras, casi le provoca un infarto. En principio Emiliano Piedra intentó disuadir a Welles de contar con Franco en la segunda unidad, para lo que le proyectó la última película que el realizador había dirigido con la producción de su socio y que resultó un verdadero desastre. Lo que ignoraba el productor de Campanadas a medianoche (1965) es que el filme en cuestión era todo un homenaje al cine de Orson Welles, por lo que éste se entusiasmó y no dudó en contar con Franco. Pero sobre los avatares que sufrió nuestro hombre con el bueno de Welles ya hablaremos en otro momento. Lo cierto es que tras esta etapa Jess Franco quedó en la más absoluta ruina, por lo que decidió que dirigiría lo primero que le ofrecieran.
RECONOCIMIENTO INTERNACIONAL: NECRONOMICÓN
En 1967 Jess Franco recibe la oferta ansiada y lleva a cabo su primera película bajo nacionalidad totalmente extranjera: Necronomicon (1967), mítico film del director coproducido por Alemania y Francia que obtuvo un éxito internacional sin precedentes y que, según Carlos Aguilar, despertó la admiración del mismísimo Fritz lang. Además esta película le abrió las puertas a una serie de producciones internacionales gracias a las cuales Jess Franco conseguiría rodar una película tras otra casi sin parar durante un buen periodo de tiempo, bien fuera bajo bandera inglesa, francesa, alemana o estadounidense o incluso bajo una combinación de varias-.
En 1970, tras el intento de alguna productora americana de intervenir en el montaje de uno de sus films, Franco decide ir a Alemania, lugar en el que las productoras le tratan con bastante respeto. Es en este tiempo cuando rueda una serie de películas con una de sus musas más queridas: Soledad Miranda, actriz Sevillana de Triana concretamente- de impresionante belleza tristemente fallecida en accidente de tráfico justo cuando su carrera comenzaba a despegar. El fallecimiento de la protagonista de Las vampiras, una de las películas emblemáticas del director, afectó a Franco profundamente.
Mientras Jesús Franco continuaba su imparable carrera al título de director más prolífico de la Historia del cinetítulo que actualmente ostenta-, en España poco se sabía de él y, lo que es peor, de su obra. Según sus propias palabras:
En España todos me ignoraban. El ministerio había decretado mi defunción,
sobre todo desde el día en que el diario del Vaticano me nominó, junto a Luis Buñuel,
al Oscar del pecado, el sacrilegio y la impudicia. [...] Yo era un deleznable pornógrafo
que sólo hacía basura, aunque esta basura fuera Jack el destripador, con Klaus Kinski
o Al otro lado del espejo, con una maravillosa Emma Cohen.
Y es que Jesús Franco no sólo rodó con actores de la talla de los citados, sino que también lo hizo con Jack Palance, Howard Vernon, Christopher Lee o Telly Savalas, por citar a algunos.
Tras su éxito internacional gracias al cual pudo rodar con estrellas del momento como Romina Power y Rosalba Neri, a las que se permitiría el lujo de desnudar en sus filmes, para escándalo de las mentes bienpensantes de España-, regresó a nuestro país cuando la muerte del caudillo propició la aparición de la clasificación S, que permitía que el cine erótico pudiera ser proyectado en cualquier tipo de salas y pudiera venderse en todas partes. En palabras del director:
Fueron unos tiempos magníficos [...]. Hice un montón de películas,
entre las que se encuentran algunos de mis films que odio menos:
Los blues de la calle pop (1983), Las chicas del tanga (1984),
Camino solitario (1983), El sexo está loco (1979),
Sinfonía erótica (1978).
Durante esta época toda la industria se benefició de las nuevas leyes y se llegaron a realizar 160 películas al año, pero pronto todo acabó con la llegada de la Ley Miró mediante la cual películas estadounidenses en -según Jesús Franco- falsa coproducción con Europa se permitían competir en igualdad de condiciones con las producciones españolas.
Tras esto, Franco, desde Francia, se convierte en uno de los pioneros del cine porno de la nueva hornada un cine que el reconoce detestar tal como se ha realizado hasta ahora-, experiencia que el cineasta califica de breve, pero castradora.
Gracias a su viejo amigo Lesoeur consigue retomar su carrera en el cine fantástico y tras una etapa en la que vuelve a rodar con algunos de sus actores favoritos regresa a España, lugar en el que, gracias a unos fans productores que, según Franco, son más lo primero que lo segundo y a las nuevas posibilidades que permite la tecnología, ha seguido, hasta hace muy poco, haciendo el cine que le gusta con películas como las nefastas Killer Barbys o Killer Barbys contra Drácula , y ha participado como actor en engendros como Kárate a muerte en Torremolinos, pueblo turístico el de este título en el que vive actualmente junto a su mujer y musa- durante más de treinta años, Lina Romay.
Por eso y por sus aportaciones al cine de Caspa y Ensayo, desde aquí proclamamos: LARGA VIDA AL TÍO JESS!!!!
Más allá del valle de las UltraTetas: Russ Meyer y el "sinema"
Hoy hablaremos del director tristemente fallecido en septiembre del 2004, Russ Meyer. Este gran hombre se caracterizó durante su periodo como "filmmaker" por ser el primer tío que se atrevió a hacer una Nudie -es decir, la primera peli comercial en la que salían tetorras por doquier y eran mostradas en toda su gloria-, titulada The immoral Mr. Teas. Fotógrafo de combate durante la II Guerra Mundial, su visita al continente europeo con las tropas americanas le proporcionó la oportunidad de conocer a Hemingway, con quien pisó por primera vez un burdel.
Tras realizar varias Nudies más, el tío Meyer se dedicó a dirigir varias pelis en las que empezaba a mezclar sexo y violencia, alcanzando su cota más alta con el film de culto Faster, Pussycat!Kill!Kill!, gran película a la que Los Simpson homenajean en un capítulo -no recuerdo en cuál, pero el guiño sale cuando ponen una entrega de rasca y pica titulada "Faster, Litle cat!kill!kill! o algo así-.
Pero para la mayoría de los aficionados, Russ Meyer será recordado para siempre por esa trilogía compuesta por Up! (aka megavixens), Supervixens y Beneath the valley of the ultravixes. Grandes películas de gigantesco reparto
Tras realizar varias Nudies más, el tío Meyer se dedicó a dirigir varias pelis en las que empezaba a mezclar sexo y violencia, alcanzando su cota más alta con el film de culto Faster, Pussycat!Kill!Kill!, gran película a la que Los Simpson homenajean en un capítulo -no recuerdo en cuál, pero el guiño sale cuando ponen una entrega de rasca y pica titulada "Faster, Litle cat!kill!kill! o algo así-.
Pero para la mayoría de los aficionados, Russ Meyer será recordado para siempre por esa trilogía compuesta por Up! (aka megavixens), Supervixens y Beneath the valley of the ultravixes. Grandes películas de gigantesco reparto