Serendipidad
He aquí algunas curiosidades, totalmente ciertas según el autor de la obra El libro de los hechos insólitos, un libro que recomiendo encarecidamente por lo entretenido y fácil de leer que resulta de Gregorio Doval. Yo lo tengo de Círculo de lectores, pero seguro que ya habrá alguna otra edición más moderna porque la mía tiene ya sus añitos. Ahí va eso, espero que os guste.
El 15 de diciembre de 1664 se hunde un barco en el estrecho de Menay, costa norte de Gales. Murieron las más de 80 personas que formaban el pasaje, excepto un hombre llamado Hugh Williams. 5 de diciembre, 1785. Otro barco se hunde dejando a un solo superviviente: Hugh Williams. El 5 de agosto de 1860 se hunde un tercer barco en el que perecen 25 personas. Sólo una sobrevivió. Efectivamente: Hugh Williams. Este tipo de sucesos, mejor dicho, de casualidades que parecen imposibles es lo que se denomina serendipidad. Ahí va mi ejemplo favorito de estos extraños hechos que a veces ocurren:
Abraham Lincoln y John F. Kennedy. Lincoln fue elegido congresista en 1847. Kennedy, en 1947. Lincoln fue designado presidente en 1860 y Kennedy en 1960. Ambos medían 1, 83 m de estatura. Sus apellidos tienen siete letras. El secretario de Lincoln se apellidaba Kennedy. El de Kennedy je,je-, Lincoln. Ambos les aconsejaron no ir a los lugares en los que encontrarían la muerte. Ambos presidentes fueron asesinados un viernes y los dos recibieron balazos en la cabeza, disparados desde atrás y en presencia de sus mujeres (ambas mujeres perdieron un hijo durante su estancia en la Casa Blanca). Booth, el asesino de Lincoln, disparó sobre él en el teatro Ford y se escondió en un almacén. Oswald, el asesino de Kennedy bueeeno, al menos, oficialmente- disparó al presidente que iba en un coche Ford, modelo...¡Lincoln!- desde un almacén y se escondió en un teatro. Los dos asesinos, cuyos nombres completos tenían 15 letras en cada caso, eran sureños y habían nacido en 1839 y 1939, y ambos fueron asesinados horas después de cometer su crimen sin haber confesado su autoría. El presidente Lincoln fue sucedido por Andrew Johnson. El presidente Kennedy fue sucedido por Lyndon Johnson. Los dos Johnson eran senadores, demócratas, sureños y nacieron respectivamente en 1808 y 1908. Según una historia que escuché hace algún tiempo, durante una charla en una universidad un profesor, cansado de escuchar hablar sobre las coincidencias entre ambos presidentes, retó a sus alumnos a que buscaran alguna relación con el hecho de que pocas horas antes de su muerte, el presidente Lincoln estuviera en la ciudad de Monroe, estado de Maryland. Uno levantó la mano y contestó más o menos: Kennedy estuvo poco antes de su muerte en Monroe, Marilyn. En un capítulo de Los Simpson en el que Homer está aprendiendo a jugar al golf hay una secuencia en la que se haya en la cama leyendo un libro sobre la materia y hace el siguiente comentario. Marge, ¿sabías que Lincoln y Kennedy tenían el mismo Handycap?. La próxima vez que veáis el capítulo espero que pilléis el chiste, malandrines.
Los mejores ejemplos de serendipidad suelen ser aquellos en los que interviene un libro. Esto es por lo que ya se sabe, que los escritos quedan y las palabras vuelan. El genial e inigualable Edgar Allan Poe en Las aventuras de Arthur Gordon Pym nos narra las aventuras de cuatro supervivientes de un naufragio que deciden asesinar y comerse a uno de ellos para sobrevivir. Lo echan a suertes y le toca a un desgraciado llamado Richard Parker, que era un grumete del barco. Hasta aquí la ficción. En 1884, cuarenta y siete años después de que se publicara la novela, la yola Mignonette zozobró al sur del Atlántico quedando a salvo en un bote cuatro tripulantes del navío que, acuciados por el hambre, decidieron asesinar y comerse a uno de ellos que, ya muy desnutrido, se encontraba en estado agonizante. Era Richard Parker, el grumete de la yola.
Otro día os contaré algo sobre la serendipidad y el Titanic. Hasta entonces ¡quedaos con la intriga!
El 15 de diciembre de 1664 se hunde un barco en el estrecho de Menay, costa norte de Gales. Murieron las más de 80 personas que formaban el pasaje, excepto un hombre llamado Hugh Williams. 5 de diciembre, 1785. Otro barco se hunde dejando a un solo superviviente: Hugh Williams. El 5 de agosto de 1860 se hunde un tercer barco en el que perecen 25 personas. Sólo una sobrevivió. Efectivamente: Hugh Williams. Este tipo de sucesos, mejor dicho, de casualidades que parecen imposibles es lo que se denomina serendipidad. Ahí va mi ejemplo favorito de estos extraños hechos que a veces ocurren:
Abraham Lincoln y John F. Kennedy. Lincoln fue elegido congresista en 1847. Kennedy, en 1947. Lincoln fue designado presidente en 1860 y Kennedy en 1960. Ambos medían 1, 83 m de estatura. Sus apellidos tienen siete letras. El secretario de Lincoln se apellidaba Kennedy. El de Kennedy je,je-, Lincoln. Ambos les aconsejaron no ir a los lugares en los que encontrarían la muerte. Ambos presidentes fueron asesinados un viernes y los dos recibieron balazos en la cabeza, disparados desde atrás y en presencia de sus mujeres (ambas mujeres perdieron un hijo durante su estancia en la Casa Blanca). Booth, el asesino de Lincoln, disparó sobre él en el teatro Ford y se escondió en un almacén. Oswald, el asesino de Kennedy bueeeno, al menos, oficialmente- disparó al presidente que iba en un coche Ford, modelo...¡Lincoln!- desde un almacén y se escondió en un teatro. Los dos asesinos, cuyos nombres completos tenían 15 letras en cada caso, eran sureños y habían nacido en 1839 y 1939, y ambos fueron asesinados horas después de cometer su crimen sin haber confesado su autoría. El presidente Lincoln fue sucedido por Andrew Johnson. El presidente Kennedy fue sucedido por Lyndon Johnson. Los dos Johnson eran senadores, demócratas, sureños y nacieron respectivamente en 1808 y 1908. Según una historia que escuché hace algún tiempo, durante una charla en una universidad un profesor, cansado de escuchar hablar sobre las coincidencias entre ambos presidentes, retó a sus alumnos a que buscaran alguna relación con el hecho de que pocas horas antes de su muerte, el presidente Lincoln estuviera en la ciudad de Monroe, estado de Maryland. Uno levantó la mano y contestó más o menos: Kennedy estuvo poco antes de su muerte en Monroe, Marilyn. En un capítulo de Los Simpson en el que Homer está aprendiendo a jugar al golf hay una secuencia en la que se haya en la cama leyendo un libro sobre la materia y hace el siguiente comentario. Marge, ¿sabías que Lincoln y Kennedy tenían el mismo Handycap?. La próxima vez que veáis el capítulo espero que pilléis el chiste, malandrines.
Los mejores ejemplos de serendipidad suelen ser aquellos en los que interviene un libro. Esto es por lo que ya se sabe, que los escritos quedan y las palabras vuelan. El genial e inigualable Edgar Allan Poe en Las aventuras de Arthur Gordon Pym nos narra las aventuras de cuatro supervivientes de un naufragio que deciden asesinar y comerse a uno de ellos para sobrevivir. Lo echan a suertes y le toca a un desgraciado llamado Richard Parker, que era un grumete del barco. Hasta aquí la ficción. En 1884, cuarenta y siete años después de que se publicara la novela, la yola Mignonette zozobró al sur del Atlántico quedando a salvo en un bote cuatro tripulantes del navío que, acuciados por el hambre, decidieron asesinar y comerse a uno de ellos que, ya muy desnutrido, se encontraba en estado agonizante. Era Richard Parker, el grumete de la yola.
Otro día os contaré algo sobre la serendipidad y el Titanic. Hasta entonces ¡quedaos con la intriga!