Nos mudamos
Siguiendo los pasos de Antonio Trashorras, y tras las quejas de muchos lectores sobre la irritante eternidad que tarda este blog en abrirse, el que se abre soy yo.
Me podeis encontrar en www.lacoctelera.com/jacktatum
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16/09/2005 21:10 Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.
"...Y los muertos se levantarán de sus tumbas"
Los seguidores del cine de terror -y especialmente de las pelis de Zombis- están de enhorabuena: el 9 de septiembre podremos disfrutar en las salas de la culminación de la saga de los muertos vivientes del hombre que creó el subgénero: George A. Romero. Nos referimos, claro está, a La tierra de los muertos. Como dicen en el trailer "tras la noche, el amanecer y el día llega...¡la tierra de los muertos! ¡Te cagas! Un film en el que los habitantes del planeta viven protegidos de los muertos vivientes, los cuales han tomado las calles, en una ciudad fortificada en la que intentan hacer una vida "normal". Eso, hasta que los zombis quieran saciar su hambre de carne humana y empiece lo bueno.Entre las novedades que introduce esta cuarta entrega -después de La noche de los muertos vivientes, El amanecer de los muertos y El día de los muertos, tenemos unos zombis más inteligentes de lo normal -piensan y se comunican-, y un reparto que cuenta entre sus filas con Dennis Hopper, John Leguizamo y la bella Asia Argento -no como su padre, el feo y gran cineasta italiano Dario Argento, también un acólito del terror y amigo de Romero-. Eso sin olvidarnos de las cosas de toda la vida: gore, aguda crítica social y los vivos más malos que los muertos.¡Ah! y atención al cameo de Tom Savini -más conocido como el "Sex Machine" de Abierto hasta el amanecer-, genial experto de efectos especiales y director del estupendo remake de La noche de los muertos vivientes que pudimos ver a principios de los noventa. Parece ser que la aparición de Savini en films de Zombis -recordemos su actuación como sherif en El amanecer de los muertos, el también genial remake realizado recientemente sobre Dawn of the dead- se está conviritiendo en un recurso imprescindible.
Hay que ir a verla por varias razones. La primera: el género de zombis es uno de los favoritos de Jack Tatum, y Jack Tatum es un tío con criterio. La segunda: la peli cierra una saga mítica que empezó con una película, Night of the living dead que revolucionó el género, y que luego ha sido imitada, plagiada, homenajeada y supermineralizada hasta la saciedad. Y tercero: porque los zombis son unos personajes que ya aparecían en la Biblia. O qué era si no Lázaro mas que un zombi. Y Jesucristo también lo era -bueno, al tercer día- de ahí que no lo reconociera nadie cuando salió de su tumba, con perdón por la irreverencia.
Lo dicho, todos debemos acudir al cine cual hordas de zombis gritando "cerebros, cereeeebros..." o "palomitas, palomiiiiiitas", a pasar un miedo de cojones y a gritar y a achucharse los unos a los otros con la excusa del canguelo, que el roce hace el cariño.
BIENVENIDOS A LA CIUDAD DEL PECADO
La interrelación existente entre el séptimo y el noveno arte (el comic) es algo en lo que, por evidente, no merece la pena que nos detengamos demasiado. Pero sí diremos que un comic puede ser considerado a veces como el story board de un film, y que el cine -gracias al montaje- puede llegar a conseguir tanto ritmo narrativo como el que presentan las historias en viñetas.Además, son muchos los comics que han sido adaptados con mayor o menor fortuna a la pantalla grande. Desde Superman, dirigida por Richard Donner con el malogrado Christopher Reeve dando vida al superhéroe volador, hasta los X Men de Bryan Singer, pasando por la saga que comenzó con Batman de Tim Burton o la locura kitsch Barbarella -protagonizada por una turgente Jane Fonda-, el cine americano ha fagocitado a un sin fin de personajes de papel y tinta para transformarlos en seres de celuloide. Muchas versiones han sido celebradas por los fans -como es el caso de la citada X Men o de Spiderman, dirigida por un Sam Raimi que ya se había ocupado de adaptar Darkman con un resultado algo mediocre. Otras, son pura bazofia y totalmente olvidables -Catwoman, Daredevil, , etc.-
Sin embargo, a pesar de que, como vemos, son muchos los cineastas que han hecho películas basándose en comics, ninguno había conseguido hasta ahora una verdadera adaptación. Y cuando hablamos de adaptación, nos referimos a realizar un film que contenga no sólo a los personajes y las historias del comic original, sino que sepa traspasar a la gran pantalla la estética que le sea propia y el tempo narrativo de lo que se muestra impreso, sin caer en el mero dibujo animado. Es decir, la combinación perfecta entre cine de imagen real y comic.
Pues Sin city lo ha conseguido. Vale, muchos me dirán que de imagen real la peli tiene bien poco. Estamos de acuerdo, pero nunca antes en la Historia del Cine se había logrado una untilización de los F/X infográficos tan precisa y perfecta como en el film de Robert Rodríguez y Frank Miller, ni se habían rodado escenas de puro comic sin traicionar ni la historia ni la estética originales.
Sin city es una catarata de imágenes demoledoras, uno engendro nunca antes visto y un experimento visual que ha logrado superar su objetivo con creces: homenajear a una de las novelas gráficas más célebres de los últimos tiempos, y entretener a un público que se entrega por completo a los genios que han conseguido plasmar, con sumo realismo, la personalidad de los seres torturados que deambulan por la ciudad del pecado. Violencia, sexo, escenas de acción...todo realizado en formato digital con una fotografía de claroscuros que nos retrotrae e Ciudadano Kane y a El tercer hombre tanto como a La brigada suicida.
Con un espíritu Pulp propio de la subcultura y de la serie B, Sin city es una de las mejores películas de cine negro de los últimos años. Un film con policías éticos y corruptos, prostitutas, asesinos a sueldo y seres que por su maldad no parecen provenir de este mundo -y si no, fijaos en el personaje de Elijah Wood...-.
No nos extenderemos mucho más en alabar esta película, pero tampoco podemos dejar de destacar un reparto -Benicio del Toro, Michael Clarke Duncan, Mickey Rourke, Brittany Murphy, Bruce Willis, Rutger Hauer...- que por sí mismo convierte esta obra en un film de culto indiscutible. Eso sin mencionar los descubrimientos como Jessica Alba y Rosario Dawson o la secuencia dirigida por Tarantino que, para el que no lo sepa, es aquella en la que aparece por primera vez el personaje de "la pequeña y letal Mijo".
En definitiva, la mejor adaptación de un comic que se ha realizado hasta la fecha. Una película que supera con creces los márgenes de las dos artes que la encuadran: comic y cine, siendo el resultado final mucho más que la simple suma de las partes.
Jesús Franco, ese hombre
Amado por unos, detestado por otros, Jesús Franco es a sus 74 años, uno de los directores más interesantes y menos reconocidos del cine patrio. Con casi doscientas películas en su haber, este madrileño de madre cubana y músico por vocación marcó –y sigue marcando- un hito en la cinematografía nacional por una razón bastante simple: haber hecho lo que nadie se atrevía a hacer cuando nadie se atrevía a hacerlo. Y por eso le dedicamos aquí un pequeño homenaje en nuestra galería de Vidas Ejemplares.Prolífico, humilde, erotómano, a veces cutre, pero siempre libre de prejuicios e hipocresías, el circuito de la serie B y Z, y las coproducciones le dieron vía libre en un territorio fílmico prácticamente inaccesible en España debido a la censura, en la época franquista, y a los avatares de la industria durante la democracia.
“He procurado, y sigo en ello, ser honrado y sincero,
y poner en cada film toda mi energía, todo mi corazón, sin vanidades ridículas
ni mayores pretensiones que ofrecer al espectador un rato de felicidad.”
Jesús Franco nació el 12 de mayo de 1930. Su padre era médico militar y franquista convencido y su madre una “cubanita”, según sus palabras, de la que heredó el swing que le permitió introducirse en la música partiendo de cierta capacidad innata para este arte. Tanto la guerra como el régimen franquista –que su apellido le recuerda constantemente- y la censura que le era intrínseca le marcarían decisivamente, sobretodo debido a que desde su más temprana juventud se consideró a sí mismo un espíritu libre en busca de experiencias que le enriquecieran y le hicieran crecer como persona, lo cual, en aquella época, podía ser algo de lo más frustrante.
Gracias a su hermano Javier comienza desde niño a tomar clases de piano y solfeo, estudios que llegaría a superar con nota de sobresaliente. Estos conocimientos musicales le serían muy útiles en el futuro, como veremos, para ganarse la vida y entrar en los escasos círculos en los se movía la cultura española.
Tras pasar por un colegio de curas, ingresa en el instituto Ramiro de Maeztu, experiencia que Jesús Franco califica de muy positiva, sobretodo debido a que los profesores eran más abiertos y permitían que los alumnos desarrollaran parcelas de libertad que con los curas estaban vedadas.
INCURSIONES MUSICALES
También influenciado por su hermano Javier comienza a introducirse en el mundo de la música Jazz, lo que le permitió en sus años de adolescentes hacer un programa de radio, Ritmo en las ondas, en Radio SEU en el cual emitía junto a unos amigos este tipo de música, e incluso se permitían en ocasiones hacer versiones en directo de clásicos del Jazz. Poco a poco comienza a trabajar como músico en fiestas y reuniones de personalidades del momento. Esto le permitirá conocer a figuras de la cultura de la talla de Fernando Fernán Gómez, Juan Antonio Bardem, Saura o Tete Montoliú.
A pesar de que la música le acompañaría durante toda su vida, Jesús Franco reconoce que nunca dudó sobre su verdadera vocación: el cine. Ya en esta época de juventud frecuentaba bastante los cines de barrio en compañía de su hermano menor. En su divertida autobiografía, Memorias del tío Jess –algo caótica y en la que apenas se habla de su cine, pero tremendamente amena y recomendable-, el herético Franco comenta que los cines que más le gustaban eran los de barrio. En ocasiones él y su hermano iban a cines de más calidad en los que pudo ver grandes filmes como Con su misma arma o Alarma en el expreso, pero comenta que prefería los cines de barrio porque se podía patear el suelo y le dejaban comer pipas. De hecho, llega a afirmar que los cines de barrio –como muchos años después le ocurriría al venerado Tarantino, a su vez seguidor de Jess Franco, con los videoclubes- se convirtieron en su filmoteca por aquellos años. El tío Jess, como le llaman algunos de sus seguidores más encarnizados, ya se topó con la censura antes de dirigir, cuando era un mero espectador:
“...Manipulaban escenas, diálogos y hasta a ciertos actores.
James Cagney y Douglas Fairbanks dejaron de existir para los españoles porque
habían estado, aunque fuese un día y de visita, con las brigadas internacionales.”
Por imposición paterna, se vio obligado a estudiar derecho, carrera que reconoce no haberle interesado en absoluto. A pesar de ello acabó los estudios en la Universidad del Escorial, tras un ultimátum de su padre. Su estancia en tan inhóspito lugar es descrita por el propio Franco como una experiencia cercana a estar encerrado en Alcatraz, aunque gracias a eso consiguió acabar los estudios.
Tras volver a la capital española, consigue gracias a la UNESCO, viajar a París, donde vivió en una residencia realizando variopintos trabajos. Durante los descansos, pasaba casi todo el tiempo en la cinémathèque, en la que descubriría a autores como Jean Vigo o Clouzot. También en París conocería a Chet Baker, genial trompetista de Jazz y alma atormentada, con el que mantuvo una relación de amistad/admiración que le marcó para siempre. Dos años después de su llegada a Francia, vuelve a Madrid e ingresa en la recién creada escuela de cine tras superar un complicado examen de acceso. Allí forja aún más su amistad con Juan Antonio Bardem, con el que trabajaría por primera vez en un film: Cómicos, como parte del equipo de dirección.
Transcurrido algún tiempo, Jesús Franco consigue realizar en 1959 su primera película como director: Tenemos 18 años. No tuvo que esperar demasiado para que el régimen franquista lo considerara “subversivo” y "peligroso para la moral nacional." A Pesar de ello, no desistió en su empeño y en 1960 presenta su segunda película como director: Labios rojos, un thriller policiaco que se llevó a buen término, según Jess Franco, gracias a las jornadas de diez horas, a unos actores que trabajaron por la mitad de su sueldo habitual y al dinero que José María Monís, jefe de producción de algunos filmes en los que Franco había trabajado, y gran amigo suyo, iba consiguiendo como buenamente podía.
Con Labios rojos, película que pasó con mayor discreción entre los críticos y el Ministerio que su opera prima, Jess Franco consiguió continuar en el oficio de director sin perder demasiado dinero, a pesar del escaso éxito de público que cosechó la película. Pero lo más importante es que el film consiguió llamar la atención de Sergio Neuman, productor de cine de género con el que Franco trabajaría en tres películas. A su vez, Neuman le presentó al francés Marius Lesoeur, con el que el tío Jess llegaría a trabajar en más de cincuenta largometrajes, entre ellos algunos de sus preferidos entre toda su obra como La condesa Negra (19??) o El sádico de Notre Dame (1979).
Tras este periodo vuelve a París y rueda una película, Rififi en la ciudad (1964), coproducida en España por el socio de Emiliano Piedra, que a su vez produjo Campanadas a medianoche (1965). Esto provocaría que le llamaran para dirigir la segunda unidad del film de Welles, cosa que, según sus palabras, casi le provoca un infarto. En principio Emiliano Piedra intentó disuadir a Welles de contar con Franco en la segunda unidad, para lo que le proyectó la última película que el realizador había dirigido con la producción de su socio y que resultó un verdadero desastre. Lo que ignoraba el productor de Campanadas a medianoche (1965) es que el filme en cuestión era todo un homenaje al cine de Orson Welles, por lo que éste se entusiasmó y no dudó en contar con Franco. Pero sobre los avatares que sufrió nuestro hombre con el bueno de Welles ya hablaremos en otro momento. Lo cierto es que tras esta etapa Jess Franco quedó en la más absoluta ruina, por lo que decidió que dirigiría lo primero que le ofrecieran.
RECONOCIMIENTO INTERNACIONAL: NECRONOMICÓN
En 1967 Jess Franco recibe la oferta ansiada y lleva a cabo su primera película bajo nacionalidad totalmente extranjera: Necronomicon (1967), mítico film del director coproducido por Alemania y Francia que obtuvo un éxito internacional sin precedentes y que, según Carlos Aguilar, despertó la admiración del mismísimo Fritz lang. Además esta película le abrió las puertas a una serie de producciones internacionales gracias a las cuales Jess Franco conseguiría rodar una película tras otra casi sin parar durante un buen periodo de tiempo, bien fuera bajo bandera inglesa, francesa, alemana o estadounidense –o incluso bajo una combinación de varias-.
En 1970, tras el intento de alguna productora americana de intervenir en el montaje de uno de sus films, Franco decide ir a Alemania, lugar en el que las productoras le tratan con bastante respeto. Es en este tiempo cuando rueda una serie de películas con una de sus musas más queridas: Soledad Miranda, actriz Sevillana –de Triana concretamente- de impresionante belleza tristemente fallecida en accidente de tráfico justo cuando su carrera comenzaba a despegar. El fallecimiento de la protagonista de Las vampiras, una de las películas emblemáticas del director, afectó a Franco profundamente.
Mientras Jesús Franco continuaba su imparable carrera al título de director más prolífico de la Historia del cine–título que actualmente ostenta-, en España poco se sabía de él y, lo que es peor, de su obra. Según sus propias palabras:
“En España todos me ignoraban. El ministerio había decretado mi defunción,
sobre todo desde el día en que “el diario del Vaticano” me nominó, junto a Luis Buñuel,
al Oscar del pecado, el sacrilegio y la impudicia. [...] Yo era un deleznable pornógrafo
que sólo hacía basura, aunque esta basura fuera Jack el destripador, con Klaus Kinski
o Al otro lado del espejo, con una maravillosa Emma Cohen.”
Y es que Jesús Franco no sólo rodó con actores de la talla de los citados, sino que también lo hizo con Jack Palance, Howard Vernon, Christopher Lee o Telly Savalas, por citar a algunos.
Tras su éxito internacional –gracias al cual pudo rodar con estrellas del momento como Romina Power y Rosalba Neri, a las que se permitiría el lujo de desnudar en sus filmes, para escándalo de las mentes bienpensantes de España-, regresó a nuestro país cuando la muerte del caudillo propició la aparición de la clasificación “S”, que permitía que el cine erótico pudiera ser proyectado en cualquier tipo de salas y pudiera venderse en todas partes. En palabras del director:
“Fueron unos tiempos magníficos [...]. Hice un montón de películas,
entre las que se encuentran algunos de mis films que odio menos:
Los blues de la calle pop (1983), Las chicas del tanga (1984),
Camino solitario (1983), El sexo está loco (1979),
Sinfonía erótica (1978).”
Durante esta época toda la industria se benefició de las nuevas leyes y se llegaron a realizar 160 películas al año, pero pronto todo acabó con la llegada de la Ley Miró mediante la cual películas estadounidenses en -según Jesús Franco- falsa coproducción con Europa se permitían competir en igualdad de condiciones con las producciones españolas.
Tras esto, Franco, desde Francia, se convierte en uno de los pioneros del cine porno de la nueva hornada –un cine que el reconoce detestar tal como se ha realizado hasta ahora-, experiencia que el cineasta califica de “breve, pero castradora”.
Gracias a su viejo amigo Lesoeur consigue retomar su carrera en el cine fantástico y tras una etapa en la que vuelve a rodar con algunos de sus actores favoritos regresa a España, lugar en el que, gracias a unos fans productores que, según Franco, son más lo primero que lo segundo y a las nuevas posibilidades que permite la tecnología, ha seguido, hasta hace muy poco, haciendo el cine que le gusta con películas como las nefastas Killer Barbys o Killer Barbys contra Drácula , y ha participado como actor en engendros como Kárate a muerte en Torremolinos, pueblo turístico el de este título en el que vive actualmente junto a su mujer –y musa- durante más de treinta años, Lina Romay.
Por eso y por sus aportaciones al cine de Caspa y Ensayo, desde aquí proclamamos: LARGA VIDA AL TÍO JESS!!!!
"PERDIDOS", serie de culto desde YA!
He de reconocer que al principio no esperaba demasiado de esta nueva serie importada de los USA. "¿Un grupo de gente que tiene un accidente de avión y acaba perdida en una isla? Yo ya he visto naúfrago", pensé. Sin embargo, conseguí vencer mis prejuicios y visionarla -cosa bastante fácil teniendo en cuenta como está la tele en verano; como encuentre a la gente que le da audiencia al "Gran Prix" juro que va a haber una matanza!!!-. Tras un par de capítulos quedé bastante enganchado a la serie, aunque reconozco que los ingredientes de la misma no son nada del otro mundo y se mezclan en una receta que no por fácil es menos resultona -cosa que también pasa con los huevos fritos con papas-.Para empezar, uno de los mecanismos que se percibe en el guión de LOST es el de la construcción de unos personajes de marcada personalidad. Como si de un casting de cualquier reality se tratara, cada personaje resalta por una cualidad que le acerca a algunos de sus compañeros y le enfrenta a otros. Así se consigue que interactúen unos con otros, con lo que ya casi no haría falta nada más para que la serie saliera adelante: tenemos al japones que no entiende el inglés y se lleva mal con el negro, a la embarazada (Emilie de Ravin)de la que el ex-drogadicto (Dominic Monaghan, también conocido como "Merry")se enamora, al guaperas borde que tiene poder porque controla diverso material que salva del naufragio (Josh Holloway), etc. Además, estos personajes están interpretados por actores de reconocida solvencia tanto en cine como en televisión. Ahí está el mencionado Monaghan, al que todos descubrimos con la saga de El señor de los anillos, a Ian Somerhalder, magnífico en su interpretación de universitario gay en el film de culto Las reglas del juego; a Terry O´Quinn, toda una institución en la televisión americana -cuyo personaje de viejo-que-tiene-más-salidas-que-el-Carrefour le va como anillo al dedo- o a Matthew Fox, que algunos descubrimos en la serie Party of five emitida por las autonómicas como Cinco en familia -y en la que su personaje era tan bonachón como ahora-.
Pero el verdadero ingrediente que hace que te pegues a la pantalla del televisor con Perdidos es, sobretodo, que se vaya descubriendo poco a poco el pasado de cada uno de los personajes. Capítulo a capítulo vamos conociendo las miserias que los han llevado hasta allí, la verdadera personalidad que esconden o las inverosímiles conexiones que les unen unos a otros -decía Hitchcock que nunca hay que sacrificar una buena historia para hacerla verosimil...¿y acaso no es el carácter irreal lo mejor de la ficción?-. Así, el espectador se va introduciendo cada vez más profundamente en la intriga, gracias a esta dosificación de información que da como resultado un recorrido en el que nunca acabamos de avanzar del todo.
Si a esto le añadimos un poco de sentido del humor y algunas subtramas inquietantes -los susurros de la selva, la chiflada que vive sola, lo que les acecha cada día...- tenemos un estupendo cocktail para disfrutar en estas fechas en las que hace más calor que en el sobaco de un churrero saharaui.
Por cierto, si os gustan especialmente las historias con naufrágio no dejeis de ver/ leer Robinson Crusoe, El señor de las moscas e intentad localizar como sea el peliculón de John Boorman Infierno en el pacífico. Y una última cosa, os propongo una votación de las que considereis las mejores series de TV de la Historia como V, El equipo A, Expediente X o las que se os ocurran. Aquí irán apareciendo las más votadas por vosotros y por los "foreros" de LoQueYoTeDiga.
02/08/2005 21:02 Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.
El hombre que sangraba demasiado: Herschell Gordon Lewis
Son muchos los libros y las personas que suelen cometer el error de comentar que el cine Gore comenzó en 1974 con La matanza de Texas. Sin querer quitar mérito a esa Obra Magna del cine de Terror que es el film de Tobe Hooper -Al que Rob Zombi intentó hacer un homenaje con La casa de los mil cadáveres que resultó fallido, a pesar de la presencia de la gran Karen Black-, debemos aclarar que la película protagonizada por Leatherface -cuyo remake nunca debió llevarse a cabo- está bastante lejos de ser la pionera en lo que a films de sangre y tripillas se refiere. De hecho, como bien dice Jesús Palacios, La matanza de Texas es una peli que resulta mucho más gore al ser recordada que en su visionado -aunque el film no carece de brutalidad, apenas hay sangre o tripas mostradas de manera muy gráfica-, aunque eso es otra historia que deberá ser contada en otro momento.No, la primera incursión en el cine Gore no se llevó a cabo en el setenta y cuatro, sino once años antes. Fue en 1963 cuando el genial director Herschell Gordon Lewis decidió abandonar sus inicios en el cine Nudie y Softcore para gestar lo que sería una nueva y revolucionaria manera de entender el cine de Horror: el Gore. Con Blood feast este oriundo de Pittsburgh dio vida a un tipo de cine de Terror que sería posteriormente imitado hasta la saciedad, una manera de abordar el miedo en pantalla grande en la que no se escamoteaban las escenas más cruentas de las historias. La sombra del cuchillo dio paso a los cuerpos abiertos en canal, y la elipsis visual fue suplida por la sangre explícita. Todo esto fue una revolución en el mundillo del séptimo arte que afectó a varios frentes, como por ejemplo, al de los F/X. H. G. Lewis fue el encargado de abrir la veda de la casquería en la que tan bien han sabido ejercer su oficio gigantes del maquillaje de la talla de Tom Savini o Rick Baker.
El éxito de Blood feast -que tuvo su remake en 1987 de la mano de la directora Jackie Kong, en una alocada y divertida cinta titulada en España Fonda sangrienta- y el bajo coste de este tipo de producciones -no olvidemos que esta primera Splatter movie costó tan solo 25.000 dólares- dio paso a nuevas producciones en "BloodScope", como la cinta de culto 2.000 Maníacos -que titulamos en español ya que fue editada en España hace lustros por la desaparecida Weekend-video, y que ahora se puede encontrar en DVD gracias a Manga-Films-.
Cada 100 años reaparece en un estado sureño de USA un pequeño pueblo que fue completamente arrasado durante la Guerra Civil. A la fantasmal villa tienen la desgracia de acercase un grupo de turistas que serán invitados a participar en las celebraciones de la zona. Lo que ignoran los incautos extranjeros es que las fiestas consisten en diversos y truculentos métodos para asesinarles, que van desde la lapidación -mediante una roca grande que te cagas- al juego de hacer rodar el barril -instrucciones: coger un barril, quitarle las tapas, clavarle numerosos clavos gigantes, introducir en él a un turista vivito y coleando y...¡A hacerlo rodar por una colina!-. Todo esto mostrado con toda su crudeza configura el argumento de 2.000 Maníacos, cuya violencia se acentúa gracias a una fotografía de colores chillones que logra que la sangre casi salpique al espectador.
PADRINO DEL GORE
2.000 Maníacos no tardó mucho en convertirse en una película de culto -y aquí en un fancine editado, entre otros, por el sin par Jesús Palacios- y, con el tiempo, en el film que más aprecia el propio director de los muchos que llegaría a rodar. Entre estos imprescindibles títulos se encuentran Color me blood red, A taste of blood, The gruesome twosome -sobre unos fabricantes de pelucas algo peculiares, je,je!- o The wizard of Gore, cintas muy difíciles de visionar en nuestro país, dado que muchas de ellas no han sido nunca editadas en España y sólo se pueden encontrar en el "mercado negro" -desde aquí el agradecimiento de Jack Tatum a SHOCK VIDEOS e I.M.A.G.E.N. DEATH por su estupendo y bien nutrido catálogo-.
Lewis continuó su carrera en el mundo del explotation realizando nuevas incursiones en los films de desnudos y en una blackexplotation titulada Black Love, dando por acaba su trayectoria en el séptimo arte a la vez que se producía la desapareción del denominado cine de explotación. Pero ahí no quedaron los éxitos de su carrera laboral, ya que Herschell Gordon Lewis se introdujo en el terreno de la publicidad, logrando ser uno de los más improtantes publicistas de los Estados Unidos con más de 20 libros sobre la materia a sus espaldas y liderando su propia empresa desde Florida: Communicomp, una compañía con clientes a lo largo de todo el globo.
Para gusto de los aficionados, H. G. Lewis se unió en 2.002 con David F. Friedman para rodar una secuela de Blood feast titulada Blood feast 2: All U Can Eat, film inédito en España (como siempre...). Desde Jack Tatum queremos que este breve texto sirva como homenaje a uno de los pocos mitos vivos del cine gore primigenio, para que su memoria no caiga en garras del olvido. Probablemente, mitos del cine de subgénero como Cronenberg, Peter Jackson o Brian Yuzna no existirían o su obra no sería la misma sin la influencia del Padrinp del Gore. AH!! Y si no conocéis su obra...¿a qué esperais, bellacos?
Padre de Familia Vs. Los Simpson
Bueno, sé que es una tontería enfrentar a estos totems de la subcultura mundial -sobretodo teniendo en cuenta que ambas series pertenecen a Rupert Murdoch y que, por tanto, no se hacen la competencia-, pero ya va siendo hora de que desmitifiquemos a la serie animada que nos ha convertido a muchos en lo que ahora somos: una panda de descerebrados postadolescentes.En primer lugar debemos dejar clara una cosa: Los Simpson han sido una serie insuperable desde hace muchas temporadas. Homer y cía. nos han reportado momentos inolvidables y descacharrantes. Pero desde hace algunas temporadas -la primera de las cuales coincidió en España con la desgraciada muerte de Carlos Revilla, el genial e insustituible actor que supo dotar de voz a Homer como nadie- la serie ha perdido fuelle y los guiones son realmente vacuos.
El problema es que Homer antes no era tonto, era simplemente un ser ingenuo y adorable, pero en las últimas temporadas lo han convertido en un verdadero patán, un imbécil sin la menor gracia. De la serie han desaparecido las mordaces críticas a todos los estamentos de la sociedad -la familia, la Iglesia, la política...- que la convirtieron en una serie mítica, y Homer tiene comportamientos absurdos que carecen del más mínimo sentido del humor. Si a eso le añadimos que Antena 3 -como siempre- maltrata la serie repitiendo capítulos hasta la saciedad y mezclando unas temporadas
con otras, Los Simpson se tornan algo cargantes. Aunque eso sí, no seré yo el que quite a Homer y Cía. de su merecido puesto entre los personajes de culto que han pululado por las 625 líneas en los últimos tiempos.
Sin embargo, Padre de Familia -serie que la Fox emite desde hace unos años-, podría desbancar fácilmente a nuestros adorados Simpson si fuera posible emitir esta producción en horario infantil, puesto que la serie que protagoniza el genial Peter Griffin resulta demasiado "políticamente incorrecta" para ser emitida en dicho horario -¡malditos hipócritas paternalistas!-.
Padre de Familia es suficientemente crítica, ácida, bestia, aguda, divertida y demoledora como para copar las expectativas de los teleadictos más exigentes. Cada personaje se gana su hueco en el corazoncito del espectador: ese perro elegante y locuaz, esa madre tan sufrida como atractiva, ese amigo salidorro, ese hijo que tiene un mono malvado en el armario, ese bebé siempre maquinando para liberarse del seno materno...Y por supuesto Peter Griffin, verdadero espíritu de la serie, una especie de Homer Simpson elevado a la enésima potencia.
No digo más, ahora que cada cual se busque la vida para conseguir ver la serie, que yo -que soy bastante pobre-, la pille gracias a un coleguilla que se la bajó de "Internete". Corred, hijos míos, en pos de esta serie que salvará vuestras vidas del hastío. Y LARGA VIDA A PETER GRIFFIN!!!
29/07/2005 19:12 Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.
Al filo del abismo
Hola, amiguitos y convecinos. Aquí estoy, desde la redacción de ABC -sección Andalucía- jugándome el tipo, editando este blog en horas de trabajo -horas en las que no tengo nada que hacer, ya que, normalmente, uno aquí se toca los "webs" hasta una horita antes de irse (a las nueve de la noche), que es cuando te mandan recortar teletipos de una página entera o cualquier otra apasionente labor que te obliga a salir de la redacción mucho después de lo que deseabas-.¡Qué se le va a hacer! Es dura la vida del becario...De lo que sí me he dado cuenta es de que paso de dedicar el resto de mi vida a currar en un "newspaper" porque es un rollo flipante. Creo que continuaré trabajando para cumplir mi sueño de ser fotógrafo de platos combinados -sí, de esos que se ven en los bares de menú a 5 euros-. Es un trabajo sucio, pero alguien tiene que hacerlo...Además, el día en que fotografíe un huevo frito y salga tan agraciado como si de una langosta se tratara, me haré rico y famoso, y podré poner en marcha mi plan para hacer "lo mismo que todas las noches, Pinckie. Tratar de conquistar el mundo".
Ese veranukiiiiiiiiiiiiiii
Pues nada, después de la llorera del sábado en la cena de graduación -joder, cabrones, cómo voy a echaros de menos...- ya está aquí el veranuki -el verano empieza cuando acaban los exámenes y hace calor, no cuando pone el calendario; es como el otoño: empieza cuando comienzan a salir anuncios de colecciones de quioscos en la TV- y con él cierta incertidumbre sobre mi futuro "sesuaaaarl", bueno, y sobre el otro también -el "profesionaaaarl", no puedor-.Pues nada, que os deseo a todos un feliz verano, que hagais lo que os dé la gana y que comais muchos calipos y frigodedos y que no os paseis con el Tang tropical, que luego pasa lo que pasa.
Pos lo dicho, que a disfrutar. Buenas noches a todos, seais lo que seais.
27/06/2005 11:32 Enlace permanente. sin tema Hay 4 comentarios.
JACK TATUM DICE: HAGAMOS UN EXPERIMENTO SOCIOLÓGICO.
Muchos habréis notado que cuando llegan las calores estivales, los vientos de levante nos traen a un personaje que cada año nos sorprende con su temeridad. Me estoy refiriendo al tío con camiseta de tirantas. Sí, ese ser que durante el invierno se ha mimetizado con la masa gracias a su abrigo-tipo-plumífero y que se reinventa a sí mismo cada verano gracias a esas patéticas camisetas sin mangas de diversos tipos y estampados.
Y yo digo, pero ¿por qué?¿Qué hemos hecho los amantes de lo bello para merecernos tal bellaquería? No, en serio, odio a los tíos que van con camiseta sin mangas por la calle. Muchos dirán que si soy cruel, que si qué me he creído, que cada uno va por la calle como le da la gana...Vale, reto a todos estos a que se imaginen al primer tío que vean por la calle o en el autobús –yo creo que los contratan las empresas de transporte público porque siempre va alguno en ellos- con una camiseta de tirantas leyéndose, digamos, El Castillo de Kafka y si no se descojonan allí mismo retiro lo dicho. Una vez hecho esto, les reto a que se imaginen al mismo tío leyéndose Caperucita roja. Verán que, para su sorpresa, la reacción será la misma: te meas.
Otros me dirán: pues si las mujeres las llevan, ¿por qué no los hombres? ¡Válgame Dios! ¡Qué el cielo se desplome sobre sus cabezas! Vamos a ver, las señoras llevan sujetador, ¿nos ponemos nosotros uno? Y si este argumento no tiene peso suficiente, aún diré más: ¡A fragantes rosas me huele a mí el sudor de una dama! Por mal que esto quede en la era de lo políticamente correcto, es así, y estoy seguro de que las dulces damiselas que lean esto estarán de acuerdo conmigo: ¡fuera los tíos con camisetas de tirantaaaaaaaaas!
Bien, y me dirán ustedes: vale, los tíos-que-van-por-ahí-con-camisetas-de-tirantas son una plaga, pero ¿qué podemos hacer contra ellos?. ¡Ahí quería yo llegar, Santos Varones! –Que diría Tip-. Pues propongo un experimento sociológico:
Habrán notado que la mencionada prenda deja al descubierto –y ese es precisamente el problema- una parte muy vulnerable de la anatomía: el sobaco, dicho llanamente. Pues bien, quiero a todo el personal que vea a uno de estos enemigos de lo estético agarrándoles el brazo a los susodichos, acto seguido, izando dicho brazo y...¡A hacerle cosquillas en la sobaquera se ha dicho! Vale, podéis usar guantes de látex -¡qué asco si no, verdad?-. No sé cuál será la reacción de estos seres cuya naturaleza se duda que sea del todo humana, pero estoy seguro de que si nos unimos y les hacemos cosquillitas en la axila a todo los machos de la especie que veamos con las dichosas camisetas sin mangas, en cada rincón, en cada autobús, en cada pueblo, llegará un día en que podamos decir a nuestros nietos: “pequeños, hubo un tiempo en el que algunos hombres iban por ahí mostrándoles la sobaquera al respetable, pero eso se acabó.”
Y recordad que aunque la lucha sea dura, nacisteis como hombres libres y hombres libres sois. Pero eso no significa que vayamos por ahí enseñando el alerón. He dicho.
Y yo digo, pero ¿por qué?¿Qué hemos hecho los amantes de lo bello para merecernos tal bellaquería? No, en serio, odio a los tíos que van con camiseta sin mangas por la calle. Muchos dirán que si soy cruel, que si qué me he creído, que cada uno va por la calle como le da la gana...Vale, reto a todos estos a que se imaginen al primer tío que vean por la calle o en el autobús –yo creo que los contratan las empresas de transporte público porque siempre va alguno en ellos- con una camiseta de tirantas leyéndose, digamos, El Castillo de Kafka y si no se descojonan allí mismo retiro lo dicho. Una vez hecho esto, les reto a que se imaginen al mismo tío leyéndose Caperucita roja. Verán que, para su sorpresa, la reacción será la misma: te meas.
Otros me dirán: pues si las mujeres las llevan, ¿por qué no los hombres? ¡Válgame Dios! ¡Qué el cielo se desplome sobre sus cabezas! Vamos a ver, las señoras llevan sujetador, ¿nos ponemos nosotros uno? Y si este argumento no tiene peso suficiente, aún diré más: ¡A fragantes rosas me huele a mí el sudor de una dama! Por mal que esto quede en la era de lo políticamente correcto, es así, y estoy seguro de que las dulces damiselas que lean esto estarán de acuerdo conmigo: ¡fuera los tíos con camisetas de tirantaaaaaaaaas!
Bien, y me dirán ustedes: vale, los tíos-que-van-por-ahí-con-camisetas-de-tirantas son una plaga, pero ¿qué podemos hacer contra ellos?. ¡Ahí quería yo llegar, Santos Varones! –Que diría Tip-. Pues propongo un experimento sociológico:
Habrán notado que la mencionada prenda deja al descubierto –y ese es precisamente el problema- una parte muy vulnerable de la anatomía: el sobaco, dicho llanamente. Pues bien, quiero a todo el personal que vea a uno de estos enemigos de lo estético agarrándoles el brazo a los susodichos, acto seguido, izando dicho brazo y...¡A hacerle cosquillas en la sobaquera se ha dicho! Vale, podéis usar guantes de látex -¡qué asco si no, verdad?-. No sé cuál será la reacción de estos seres cuya naturaleza se duda que sea del todo humana, pero estoy seguro de que si nos unimos y les hacemos cosquillitas en la axila a todo los machos de la especie que veamos con las dichosas camisetas sin mangas, en cada rincón, en cada autobús, en cada pueblo, llegará un día en que podamos decir a nuestros nietos: “pequeños, hubo un tiempo en el que algunos hombres iban por ahí mostrándoles la sobaquera al respetable, pero eso se acabó.”
Y recordad que aunque la lucha sea dura, nacisteis como hombres libres y hombres libres sois. Pero eso no significa que vayamos por ahí enseñando el alerón. He dicho.
13/06/2005 15:19 Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.
Sobre "La Venganza de los Sith"
Vamos a ver, el otro día me preguntaba un amiguete si debía ir o no a ver la última entrega de La Guerra de las Galaxias, ya que había oido que era muy mala y no quería malgastar su dinerillo -y su tiempo, dicho sea de paso- en un entretenimiento que algunos han calificado de "necio", entre otras cosas.Pues bien, el que esto suscribe, como todos sabéis, es un cinéfago de pro que se lo traga todo o casi todo –en el buen sentido. No, en el que estás pensando no, en el otro buen sentido- en cuanto a cinema se refiere. Además, sé que muchos comentan a mis espaldas –los más osados lo hacen también en mi propia faz- que soy lo que el acervo popular denomina “freak” o “friki” –para saber más sobre el verdadero origen de este intraducible vocablo anglosajón ver Freaks, la parada de los monstruos, de Tod Browning-.
Pues bien, aunque no seré yo quién niegue cierta tendencia mía hacia lo Freak –si eso quiere decir que uno cultiva el culto a la subcultura pop en todas sus variantes y que tiene unos gustos poco comunes- sí he de reconocer que JAMÁS he sido un fanático seguidor de la saga galáctica de Lucas. Las tres primeras películas que se hicieron me parecen bastantes buenas –sobre todo El imperio contraataca-, filmes espaciales que en el fondo tienen alma de western y que se llevaron a cabo en un tiempo –los estupendos años setenta, que tantas buenas películas americanas nos dieron- en el que era todo un riesgo realizar una aventura espacial en celuloide y que tuviera éxito. Pero las dos últimas pelis de la nueva trilogía me parecieron un verdadero pestiño, con unos guiones escritos en papel higíenico y con menos profundidad que la biblioteca de Yola Berrocal. Me gusta La Guerra de las Galaxias -la de toda la vida-, pero no más de lo que me gustan las películas de Russ Meyer, el Peter Jackson pre-anillos, las películas de Takashi Miike o Los Goonies.
En definitiva, yo creo que hay que ir a ver La venganza de los Sith a pesar de sus pésimos actores, a pesar de los diálogos (involuntariamente) descacharrantes, a pesar del maestro Yoda saltarín...Todo este sufrimiento merecerá la pena si al final nos proporcionan una buena ración de Lado Oscuro y un Darth Vader con su casco, su voz doblada por Constantino Romero y su cajita de pastillas Juanola contra la afonía. Es una película que hay que ver, aunque sólo sea por ser partícipe de ese extraño fenómeno que nos liga a todos unos con otros -aunque a mí me gustaría que nos ligara a unos con otras, pero bueno- que es la globalización. O por el gustazo de pasarte semanas echando pestes sobre ella y lo mala que es y lo a punto que estuviste de salirte del cine.
Y además, si no la ves...¿De qué vas a hablar esta semana en el bar? Y el que quiera ver un cine que le eleve el espíritu y le haga reflexionar sobre la insoportable levedad del ser que se haga un ciclo de Ingmar Bergman, que también está muy bien. O de Pajares y Esteso. He dicho.
Divagación en Re menor
Estoy escribiendo esto que ahora lees en mi habitación y todo huele a electricidad. Te parecerá raro, pero tiene una simple explicación: mi cuarto no es muy amplio y el ordenador en el que ahora mecanografío esta nueva prueba de mi ególatra narcisismo -es decir, este texto- lleva horas encendido copiando una película tras otra. La habitación rezuma electricidad estática. Inquietante.Hace unas noches, hablando con una de mis hermanas llegamos a la conclusión de que todo el mundo está, de una u otra forma, conectado a todo el mundo. Sería largo de explicar este tema, pero siendo breve sólo diré que poníamos ejemplos con gente que conocemos sobre como todos estamos interconectados. A veces de forma dolorosa; otras, divertida; a veces, la conexión no va más allá de algo superficial y otras puede que provenga de alguien que conoce a alguien que conoce a un amigo tuyo.
La cuestión es que creemos que hay una especie de estructura que nos ata a todos con todos, y puede que eso ocurra incluso más allá de esta vida. Quién sabe. Probablemente todo esto no es más que una chorrada y mi hermana y yo nos aburrimos mucho.
Por cierto: no quiero convertir este diario en una bitácora de mis diversos males y enfermedades –ni de las reales ni de las psicosomáticas que yo mismo tiendo, de forma masoquista, a provocarme inconscientemente-. Pero aunque, como he dicho, no quiero convertir este blog, que algunos piensan que nadie lee –no es que tenga poca audiencia, es que es un blog para las élites, para unos cuantos elegidos como tú que me lees-, en un listado de mis padecimientos varios, tengo que comentar que me ha salido algo en el brazo izquierdo.
Yo creo que es un herpes –patología que padezco, además de migraña crónica, depresión ocasional, ansiedades varias, etc. Por no hablar de mis tendencias a la colombofilia y a la filatelia que a mi familia tanto preocupan...- Lo cierto es que nunca he tenido un herpes en ninguna parte del cuerpo excepto en la cara –Sí, mal pensados-, por lo que dudo de que el eccema que tengo en el brazo y que tanto me pica y escuece sea un herpes. Lo primero que pensé es que era una picadura, pero la desagradable sensación que padezco dura ya todo el día, lo que me lleva a la más terrible incertidumbre: Un bicho que produzca una picadura como esta, más que picar, me habría empujado o se habría llevado el brazo entero volando. O al menos me habría dado cuenta porque lo habría oído respirar. Aunque también puede ser una reacción de mi cuerpecito sensual a los antidepresivos y ansiolíticos que desde hace varias semanas me estoy jalando por prescripción médica. No lo sé. Si hay algún estudiante de medicina o veterinaria en la sala, que hable ahora o ladre para siempre.
20/05/2005 09:59 Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.
David Lynch es David Lynch
Hola a todos, mamones y mamonas. Hace unas cuantas entradas escribía un artículo en el que con singular maestría, como es propio en mí, os desvelaba los secretos de la peli Mulholland drive, con la que mucho apapurcio se hace un lío de cojones. Pues bien, como soy hombre que aprecia la inteligencia como una de las más valiosas cualidades de una "perzona humana", a los interesados en el cine de Lynch os insto a que entreis en www.trashi.blogia.com. En el blog de este estupendo crítico encontrareis una sección sobre David Lynch que yo calificaría de brillante.A los que ya conoceis la obra de este genial artista del cinema no os digo más. Pero a aquellos que nunca habeis visto nada de Lynch os digo: un poco de vergüenza!! Ya es hora de que dejéis de agachar la cabeza de arrepentimiento porque fuisteis a ver Titanic más de tres veces en su momento. Ya está bien de ir por la vida viendo cine de barrio e indocumentado por esas calles de Dios, bebiendo calimotxo, entrándole a todo lo que se mueve... Mamones y mamonas, yo os digo: El tiempo de Lynch está cerca, acercaos a su obra y quizá encontréis la salvación!!!
05/04/2005 11:31 Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.
Una película fascista: vomitando en la cara de Shyamalan
Sé que muchos piensan que exagero cuando suelo calificar a la pésima película El bosque como un film fascista. Aclararé ahora por qué es pésima y por qué digo que es fascista. Lo primero a tener en cuenta es que, si no has visto la peli, te la voy a destrozar en un momento, de modo que ya sabes: el que avisa...
Veamos: el film nos muestra a un montón de gente ¿de qué siglo?¿del XVIII, del XIX? da igual, parecen ser gente de otra época que hacen su vida lo más normal que pueden teniendo en cuenta que viven sometidos al terror pánico que les provocan unos seres que viven en las lindes del bosque y que comen gente -y probablemente también el yogur que anuncia el gran actor -¡ja,ja!- José Coronado- para desayunar.
Todo el mundo está chungo por culpa de estos monstruos hasta que un joven se pone enfermo y hay que ir a por medicinas a la ciudad, para lo que hay que internarse en el bosque, así que mandan a una ciega -muy guapa, por cierto, ya la quisiera yo "pa" mí- y descubrimos que ni es una aldea, ni estamos en una época anterior: lo que ocurre es que un grupo de gente acojonada de vivir en Nueva York en pleno siglo XX, rodeados de violencia callejera deciden fundar una comunidad sin armas ni violencia y con mucho buen rollito. Pero claro, para que los habitantes que nazcan en la comunidad no sepan del mundo exterior y se vean obligados a ser libres en ese contexto "real", inventan todo el rollo de los monstruos para tener al personal cojido por los huevos, y todos tan contentos.
¡Qué fuerte! Para empezar, la propia tesis que sustenta la película es un total contrasentido: si los fundadores de la comunidad han huído del miedo a la violencia callejera y someten a la misma sensación de pánico -pero materializada en los monstruos- a sus hijos, nietos, vecinos...Digo yo que estamos en las mismas. Simplemente, cambian un miedo por otro. El paternalismo que plantea este film como solución a la violencia y a los problemas sociales da miedo y me parece, simplemente, nauseabundo.
¿Y por qué es fascista? Pues por una simple razón: al contrario que los fundadores del pueblo, los más jóvenes no están allí por decisión propia, libremente. Lo que ocurre es: a)que no conocen otra cosa y b) que no pueden abrir sus horizontes porque se los comen los vecinitos del bosque. La cosa no sería tan grave si cuando se nos desvela el final con la ciega en la carretera y eso, todo se viniera abajo. El problema es que la peli tiene final feliz, vamos, que la cosa acaba estupendamente, con la peña en su "village" particular y con las estructuras de poder inalteradas y la mayor parte del pueblo sumida en el desconocimiento más absoluto.
¿Y por qué es una mala película aunque algunos críticos -a los que, por otro lado, admiro y respeto- digan lo contrario? Pues, para empezar porque Shyamalan lleva haciendo la misma película desde El sexto sentido, incluyendo las mismas chorradas -El sexto sentido: cada vez que Bruce Willis tiene un intento de contacto con el mundo real aparece el color rojo. En El protegido cada vez que aparece el malo vemos algo de color violeta-. Pero lo peor de este director es que te vende una película de suspense como si fuera de terror. No digo que utilice las claves de un género para darles la vuelta como han hecho otros directores con éxito, no. Lo que hace este muchachote es dar gato por liebre. Es lo mismo que si viéramos un trailer de una peli en la que están Adam Sadler y Mike Myers, en la que todo es cachondeo y chascarrillo y de pronto se muera el protagonista al final y todo sea un drama. Y ya sé que este ejemplo es una mierda, pero creo que todo el mundo entenderá lo que quiero decir.
En definitiva, queridos amigos, un tío como Shyamalan que dirigió una película en la que unos extraterrestres -que van desnuditos por la calle- vienen a colonizar el PUTO Planeta AZUL, pero que se mueren cuando entran en contacto con...el AGUA (¿¡?) -quizá pensaban que lo de azul era porque iban a pitufilandia- no puede traernos nada bueno. ¡No, no, no!
Nos vamos "pal" cine
La cartelera: el que no haya visto Millon dollar baby que vaya ya. Si te gustó, ve corriendo a buscar en DVD Sin perdón, El jinete pálido, Un mundo perfecto o Birdy.Para estómagos resistentes: Old Boy. Es difícil pillarla en cualquier cine de Sevilla, pero está. Un peliculón de venganzas, aunque recuerde demasiado a El corazón del ángel. En realidad ambas pelis tienen planteamientos radicalmente distintos y laS dos son buenas a su manera, aunque en el trasfondo de ambas se encuentre el hambre de venganza a "saco Paco".
Cinéfagos sin prejuicios: todos en tromba deben acudir a ver Team América, la policía del Mundo. Película de marionetas obligatoria para los fans de "South Park" y de la comedia bestia en general. El numerito musical del dictador norcoreano pasará a la Historia.
Saw, una de mal rollo y suspense que puede estar bien o no. Creep: mala, muy mala. Su protagonista, Franka Potente, no hace honra a su apellido en este filme.
Entre copas: comedia obligatoria. Lo opuesto a la peli de marionetas que reseñaba más arriba. Una comedia con estilo y con unos actores que te partes. Tengo ganas de que llegue ya American Splendor. Giamatti FOR EVER!!
El "retonno"
Aquí estamos. Tras haber superado con éxito el trance de la semana santa, un virus terrible y una borrachera de jueves santo de la que aún me recupero, comienzan las clases otra vez. Ante mi se abre una semana de mierda que empezará a mejorar en cuanto asuma que no tendré que volver a clase hasta dentro de dos semanas (= viaje de fin de curso al que no voy + feria de Sevilla)Ayer volví a ver 2000 Maníacos. Que gran película, aunque la viera en una copia infecta que se comía el formato original. Una peli del padre del cine Gore. ¡Qué grande! Tengo que ponerla en la agenda.
28/03/2005 15:56 Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.
Serendipidad
He aquí algunas curiosidades, totalmente ciertas según el autor de la obra El libro de los hechos insólitos, un libro que recomiendo encarecidamente por lo entretenido y fácil de leer que resulta de Gregorio Doval. Yo lo tengo de Círculo de lectores, pero seguro que ya habrá alguna otra edición más moderna porque la mía tiene ya sus añitos. Ahí va eso, espero que os guste.
“El 15 de diciembre de 1664 se hunde un barco en el estrecho de Menay, costa norte de Gales. Murieron las más de 80 personas que formaban el pasaje, excepto un hombre llamado Hugh Williams. 5 de diciembre, 1785. Otro barco se hunde dejando a un solo superviviente: Hugh Williams. El 5 de agosto de 1860 se hunde un tercer barco en el que perecen 25 personas. Sólo una sobrevivió. Efectivamente: Hugh Williams.” Este tipo de sucesos, mejor dicho, de casualidades que parecen imposibles es lo que se denomina serendipidad. Ahí va mi ejemplo favorito de estos extraños hechos que a veces ocurren:
“Abraham Lincoln y John F. Kennedy. Lincoln fue elegido congresista en 1847. Kennedy, en 1947. Lincoln fue designado presidente en 1860 y Kennedy en 1960. Ambos medían 1, 83 m de estatura. Sus apellidos tienen siete letras. El secretario de Lincoln se apellidaba Kennedy. El de Kennedy –je,je-, Lincoln. Ambos les aconsejaron no ir a los lugares en los que encontrarían la muerte. Ambos presidentes fueron asesinados un viernes y los dos recibieron balazos en la cabeza, disparados desde atrás y en presencia de sus mujeres (ambas mujeres perdieron un hijo durante su estancia en la Casa Blanca). Booth, el asesino de Lincoln, disparó sobre él en el teatro Ford y se escondió en un almacén. Oswald, el asesino de Kennedy –bueeeno, al menos, oficialmente- disparó al presidente –que iba en un coche Ford, modelo...¡Lincoln!- desde un almacén y se escondió en un teatro. Los dos asesinos, cuyos nombres completos tenían 15 letras en cada caso, eran sureños y habían nacido en 1839 y 1939, y ambos fueron asesinados horas después de cometer su crimen sin haber confesado su autoría. El presidente Lincoln fue sucedido por Andrew Johnson. El presidente Kennedy fue sucedido por Lyndon Johnson. Los dos Johnson eran senadores, demócratas, sureños y nacieron respectivamente en 1808 y 1908”. Según una historia que escuché hace algún tiempo, durante una charla en una universidad un profesor, cansado de escuchar hablar sobre las coincidencias entre ambos presidentes, retó a sus alumnos a que buscaran alguna relación con el hecho de que pocas horas antes de su muerte, el presidente Lincoln estuviera en la ciudad de Monroe, estado de Maryland. Uno levantó la mano y contestó más o menos: “Kennedy estuvo poco antes de su muerte en Monroe, Marilyn”. En un capítulo de Los Simpson en el que Homer está aprendiendo a jugar al golf hay una secuencia en la que se haya en la cama leyendo un libro sobre la materia y hace el siguiente comentario. “Marge, ¿sabías que Lincoln y Kennedy tenían el mismo Handycap?”. La próxima vez que veáis el capítulo espero que pilléis el chiste, malandrines.
Los mejores ejemplos de serendipidad suelen ser aquellos en los que interviene un libro. Esto es por lo que ya se sabe, que los escritos quedan y las palabras vuelan. El genial e inigualable Edgar Allan Poe en Las aventuras de Arthur Gordon Pym nos narra las aventuras de cuatro supervivientes de un naufragio que deciden asesinar y comerse a uno de ellos para sobrevivir. Lo echan a suertes y le toca a un desgraciado llamado Richard Parker, que era un grumete del barco. Hasta aquí la ficción. En 1884, cuarenta y siete años después de que se publicara la novela, la yola Mignonette zozobró al sur del Atlántico quedando a salvo en un bote cuatro tripulantes del navío que, acuciados por el hambre, decidieron asesinar y comerse a uno de ellos que, ya muy desnutrido, se encontraba en estado agonizante. Era Richard Parker, el grumete de la yola.
Otro día os contaré algo sobre la serendipidad y el Titanic. Hasta entonces ¡quedaos con la intriga!
“El 15 de diciembre de 1664 se hunde un barco en el estrecho de Menay, costa norte de Gales. Murieron las más de 80 personas que formaban el pasaje, excepto un hombre llamado Hugh Williams. 5 de diciembre, 1785. Otro barco se hunde dejando a un solo superviviente: Hugh Williams. El 5 de agosto de 1860 se hunde un tercer barco en el que perecen 25 personas. Sólo una sobrevivió. Efectivamente: Hugh Williams.” Este tipo de sucesos, mejor dicho, de casualidades que parecen imposibles es lo que se denomina serendipidad. Ahí va mi ejemplo favorito de estos extraños hechos que a veces ocurren:
“Abraham Lincoln y John F. Kennedy. Lincoln fue elegido congresista en 1847. Kennedy, en 1947. Lincoln fue designado presidente en 1860 y Kennedy en 1960. Ambos medían 1, 83 m de estatura. Sus apellidos tienen siete letras. El secretario de Lincoln se apellidaba Kennedy. El de Kennedy –je,je-, Lincoln. Ambos les aconsejaron no ir a los lugares en los que encontrarían la muerte. Ambos presidentes fueron asesinados un viernes y los dos recibieron balazos en la cabeza, disparados desde atrás y en presencia de sus mujeres (ambas mujeres perdieron un hijo durante su estancia en la Casa Blanca). Booth, el asesino de Lincoln, disparó sobre él en el teatro Ford y se escondió en un almacén. Oswald, el asesino de Kennedy –bueeeno, al menos, oficialmente- disparó al presidente –que iba en un coche Ford, modelo...¡Lincoln!- desde un almacén y se escondió en un teatro. Los dos asesinos, cuyos nombres completos tenían 15 letras en cada caso, eran sureños y habían nacido en 1839 y 1939, y ambos fueron asesinados horas después de cometer su crimen sin haber confesado su autoría. El presidente Lincoln fue sucedido por Andrew Johnson. El presidente Kennedy fue sucedido por Lyndon Johnson. Los dos Johnson eran senadores, demócratas, sureños y nacieron respectivamente en 1808 y 1908”. Según una historia que escuché hace algún tiempo, durante una charla en una universidad un profesor, cansado de escuchar hablar sobre las coincidencias entre ambos presidentes, retó a sus alumnos a que buscaran alguna relación con el hecho de que pocas horas antes de su muerte, el presidente Lincoln estuviera en la ciudad de Monroe, estado de Maryland. Uno levantó la mano y contestó más o menos: “Kennedy estuvo poco antes de su muerte en Monroe, Marilyn”. En un capítulo de Los Simpson en el que Homer está aprendiendo a jugar al golf hay una secuencia en la que se haya en la cama leyendo un libro sobre la materia y hace el siguiente comentario. “Marge, ¿sabías que Lincoln y Kennedy tenían el mismo Handycap?”. La próxima vez que veáis el capítulo espero que pilléis el chiste, malandrines.
Los mejores ejemplos de serendipidad suelen ser aquellos en los que interviene un libro. Esto es por lo que ya se sabe, que los escritos quedan y las palabras vuelan. El genial e inigualable Edgar Allan Poe en Las aventuras de Arthur Gordon Pym nos narra las aventuras de cuatro supervivientes de un naufragio que deciden asesinar y comerse a uno de ellos para sobrevivir. Lo echan a suertes y le toca a un desgraciado llamado Richard Parker, que era un grumete del barco. Hasta aquí la ficción. En 1884, cuarenta y siete años después de que se publicara la novela, la yola Mignonette zozobró al sur del Atlántico quedando a salvo en un bote cuatro tripulantes del navío que, acuciados por el hambre, decidieron asesinar y comerse a uno de ellos que, ya muy desnutrido, se encontraba en estado agonizante. Era Richard Parker, el grumete de la yola.
Otro día os contaré algo sobre la serendipidad y el Titanic. Hasta entonces ¡quedaos con la intriga!
Desfaciendo entuertos
NOTA: si no has visto Irreversible, Mulholland drive o Memento te recomiendo que no sigas leyendo este artículo porque voy a destrozar los finales. Pero si te da igual, quizá esto sea un acicate para tu curiosidad. Tú mismo con tu mecanismo.Hoy me he propuesto desfacer algunos entuertos cinematográficos porque hay algunas películas que generan a mi alrededor muchos debates, enfrentamientos y hasta guerrillas dialécticas. Partiendo de que lo que expongo aquí es fruto de mi humilde opinión –“humildaddd” que diría Nina-, comprendo que cualquiera cuestione lo que digo. Como siempre estoy abierto a comentarios, pero porfa, que estén basados en la argumentación y no en el “yo creo” o “a mí me pareció”. Sin más dilación, vamos allá.
Empecemos por el principio: Mulholland drive. Ni es la misma tía todo el tiempo como dicen algunos ni chorradas. La rubia es la rubia y la morena es la morena. Lo único que ocurre es que al comienzo del film todo lo que vemos es un sueño de la rubia –un sueño en el que ella es una actriz del copón, en el que es la que lleva la voz cantante en la relación con la rubia, en la que dicha rubia es el ser vulnerable que necesita protección y en el que –como nos ha pasado a todos alguna vez- aparece gente que conoce en la realidad pero con roles diferentes en el sueño –la madre del director de cine-. En la segunda parte vemos lo que realmente ha ocurrido: la morena es super guay, la rubia actúa peor que Mar Flores fusionada con Sofía Mazagatos y, encima, se siente despechada, por lo que manda matar a la que fuera su antigua amante. Los remordimientos la corroen y al final se suicida -ojito a la aparición de la actriz Sheryl Lee, más conocida como Laura Palmer como espectadora en el teatro: ¡qué viene la muerte!¡qué "yuyu"!- Y en medio de todo esto algunas secuencias de despiste típicas de Lynch como la del hombre que le cuenta su sueño a otro en la cafetería. Fin del misterio. Eso sí, dejando a un lado las consideraciones sobre la trama, el film en sí es una dura crítica a todo el sistema de Hollywood estupendamente realizado por un Lynch en estado de gracia. Una pena que el proyecto de convertir la historia en serie no siguiera adelante. Quizás nos estamos perdiendo otro Twin Peaks...
Sigamos con Memento: Lenny ya se ha vengado del tío que violó a su mujer y que lo dejó con menos memoria que un Spectrum 128, gracias a Teddy. Teddy no es mal tío, lo que pasa es que es un poco corrupto y al ser policía esto no es muy sano. Teddy quiere usar a Lenny para una venganza personal, pero casi siempre dice la verdad durante el film.
Como hemos dicho, Lenny ya se vengó del malandrín, pero no se acuerda. Teddy pensaba que algo tan grave no podría dejar de recordarlo, incluso a pesar de su enfermedad, pero al no ser así, intenta que Lenny mate a otro para ver si el chaval se queda tranquilo y de paso sacar unas perrillas de todo el asunto.
Las anotaciones que hay tras las fotos de Teddy y Natalie están al revés: debería confiar más en Teddy y nada en Natalie –que es una zorra-, al contrario de lo que él escribe en las polaroid de cada uno.
La mujer de Lenny sobrevivió al ataque, pero él la mata sin querer con insulina. Lenny no quiere asumirlo, de modo que decide auto engañarse, tenderse a sí mismo una trampa que lo encamine a matar a Teddy –su amigo el poli-, que es el que sabe la verdad.
Y ¿qué nos da la clave que confirma todo esto? Pues una secuencia al final de la película en la que la mujer de Lenny le pasa un dedo por el pecho tatuado –lo que quiere decir que ella sobrevivió al agresor- y, si permanecemos muy atentos, podemos leer en uno de los tatuajes “I´ve done it”, “lo he hecho”, lo que quiere decir que ya se ha vengado. Trampita del guión: ¿cómo se borró ese tatuaje el bueno de Lenny? ¡Misterios del cine, amiguitos¡
Irreversible: para empezar, yo catalogo a Irreversible de Gaspar Noé como la película más fuerte, sádica y malsana que he visto hasta la fecha. Y que conste que en mi colección de cine gore hay ya 213 pelis, algunas de ellas verdaderamente terribles.
En Irreversible la cámara se mueve más que McGiver en un Leroy Merlín, pero ¿cuándo se para? Pues en una violación anal de –más o menos- diez minutos de duración, para que el espectador se sienta más identificado con el personaje de Monica Bellucci -¿hay mujer más bella en este mundo?- y pase un mal rato de cojones. Pero claro, antes de que esto ocurra –la peli está montada en orden inverso: comienza por el final y acaba por el principio- hemos visto como el novio de la Bellucci y un amigo –bueno, más que nada el amigo- se cargan con un extintor la cabeza del violador, teniendo lugar una especie de catarsis con efecto retroactivo para el espectador. O puede que no, pude que el tío al que matan, no sea como pensamos, el violador.
Si nos fijamos bien en el tipo repugnante que viola a la Belluci, veremos que no va vestido como ese otro al que matan a extintorazo limpio en la cabeza. Pero en esa escena hay varias personas más en segundo plano, y una de ellas –que sonríe maliciosamente- sí va vestida como el violador, más que nada porque es él. ¡Tachán! Esto no cambia la esencia de la película, pero la hace más enfermiza aún porque la mayor parte de los espectadores, cuando llega la famosa escena de la agresión sexual, se consuelan pensando que al menos los protagonistas se han vengado del hijo de mala madre agresor. Pero con un poco de atención vemos que esto no es así, lo que nos deja mucho peor cuerpo del que ya teníamos al principio. Me pregunto si el director del film se toma su medicación. Si no es así debería ir al médico o algo. Y la película está bien hecha en lo que se refiere a las intenciones del autor porque consigue lo quiere del espectador, pero es un film que no recomiendo a estómagos sensibles porque van a pasarlo mal en serio.
¿Qué es un cinéfago?
Jesús Palacios, en esa Biblia fundamental del cine gore que en su libro Goremanía, define la cinefagia como el “Término acuñado por algunos críticos y escritores cinematográficos modernos, por contraposición a cinefilia. Se sobreentiende que el cinéfago come de todo y disfruta tanto del buen cine como del peor, sazonándolo todo con sentido del humor.”A mi me gusta definir al cinéfago como ese individuo que es capaz, deshaciéndose de sus prejuicios, de disfrutar tanto con los Gremlins como con Casablanca. Es ese ser humano que, sin pudor alguno, se pone a ver Ciudadano Kane después de pegarse una buena sesión de cine gore, es el ciudadano entrañable que no siente ningún complejo de culpa por pasarlo bien viendo El ataque de los tomates asesinos a pesar de que reconoce que su peli favorita es Taxi Driver, El vampiro de Dusseldorf o El séptimo sello.
Porque el cinéfago ni juzga ni condena. No es que sea un conformista este personaje, simplemente prefiere ver por sí mismo si las películas de Bruce Lee son tan malas como algunos dicen o que hay detrás de nombres tan alabados por la cultura “oficial” y socialmente aceptada como Buñuel, Bergman o Rossellini. Esto provoca que el cinéfago vaya alimentando su mente atormentada con un amplísimo espectro de diferentes referentes culturales de todo tipo y procedencia. Por ello suele desarrollar un olfato cinematográfico superior a la media y en su bagaje vital conoce la obra de Woody Allen tan al dedillo como la de Russ Meyer o Herschell Gordon Lewis. Nombres como el ya citado Jesús Palacios o Jordi Costa son algunos ejemplos de cinefagia en el terreno de la crítica, pero también lo son Tarantino, Peter Jackson o el mismísimo Garci –que en una ocasión dijo en su programa que la peli que más veces he visto en mi vida, Terminator II, era una obra maestra, todo sin que un tono maliciosamente irónico barnizara dicho comentario-.
El señor de los anillos, por ejemplo, desde el punto de vista crítico, es un film que se puede comentar perfectamente desde la cinefilia haciendo referencias a géneros clásicos que van del Western al Peplum o del cine fantástico a la Road movie –sí, ya sé que no hay carreteras en el film, me refiero al cine en el que un viaje exterior repercute en la personalidad de los protagonistas. Entonces, ¿qué es Centauros del desierto? No sé-. Pero a lo que voy es a que esta trilogía del anillo no se asume cinematográficamente en todo su espectro si no se conocen Mal gusto, Braindead o Criaturas celestiales, ya que es de la cinefagia de donde procede el bueno de Peter Jackson, aunque como otros muchos cineastas también sea un frenético contemplador de cine clásico –joder, pero si su próxima peli es un remake de King Kong-.
Pero ojo, de lo que hemos dicho se deduce que el cinéfago ve de todo, no sólo cine-caspa, ni trash movies. Porque para este ente del que estamos hablando el estudio de los clásicos -de Ford, Lang, Hitchcock, Murnau, Wilder, etc.- no es algo necesario, es algo indispensable.
Así que la próxima vez que os crucéis con alguna de estas entrañables criaturas que son los cinéfagos no dudéis en abrazarla como si de vuestro retoño se tratara ni en darles cariño y atención, pues el cinéfago es, ante todo, un ser agradecido y retozón.
Tarantino y yo
Son muchos los seres humanos que adoran el universo Tarantino. Como me encuetro entre las filas de los defensores acérrimos de este cineasta indómito y singular, no puedo dejar de dedicar mi primer artículo al que considero uno de los cinco mejores directores de los últimos quince años.Lo primero que debe quedarle claro a todo el mundo es que Quentin Tarantino no es un cinéfilo. Lejos de encontrarse estancado en ese baul rancio y caduco que es la cinefilia, Tarantino siempre se ha manifestado orgulloso de pertenecer a las filas de los cinéfagos. Sí, el director de Pulp Fiction es un auténtico ratón de videoclub, un rastreador de perlas entre la basura, un buscador de joyas procedentes de la subcultura "nerd" más radical -que diría el genial Jordi Costa-, un adorador de lo pop por encima de vanidades intelectuales. Porque el cinéfago lo mismo ve con suma atención una película de Jackie Chan que un film de Dreyer sin despeinarse lo más mínimo ni padecer por ello esquizoides efectos secundarios. Pero es mucho más. Si de algo hace gala este hombre vestido de negro es de saber reciclar como nadie todo lo que le gusta o le impresiona, ya que, ¿hay alguna película tarantiniana que sea en esencia puro Tarantino? Pues todas y ninguna. Para el aficionado de "blockbuster" quizás su estilo sea el colmo de la originalidad. Sin embargo, el iniciado en las artes cinéfagas se percata de que cuando visiona Reservoir dogs está viendo un City on fire excretado por un ingenioso gamberro. Cuando ve Jackie Brown se sabe ante un reinterpretación de todo el blaxploitation -de Coffy a Las navajeras, pasando por Foxy Brown-. Y cuando contempla la obra magna que es Kill Bill está seguro de que Truffaut jamás hubiera llevado tan lejos La novia vestía de negro.
Y es que Quentin T. es un ser humano que bebe de las fuentes más diversas y las trasforma y regurgita en forma de diamantes de celuloide o misterioso maletín del que surge un brillo dorado e hipnótico, percibiendo el detalle, apropiándose de una pincelada de Peckinpah, de otra de Godard, del influjo del cine de Hong Kong o de una hamburguesa con queso y un sorbo de Sprite. Pongamos un ejemplo: un niño de unos siete años va al cine con su madre un día de algún mes de 1972. Ante la pantalla blanca surge el icono de la Warner Bros y unas voces varoniles en off, tras lo cual aparece un paisaje montañoso. En un momento del film, un hombre sufrirá una violación a manos de un "redneck" impactando profundamente a ese niño que no es otro que el director que nos ocupa. La película se llamó Deliverance -un peliculón de obligado visionado como todo lo que hace John Boorman, sea una locura como Zardoz o una obra maestra como Excalibur- y marcó tanto a nuestro Quentin que muchos años después volveríamos a ver una agresión similar en Pulp Fiction. Cosas como esta , esas "pequeñas diferencias" -que diría Vincent Vega- son las que llenan de encanto su cine y las que hacen a Tarantino grande de verdad.
Guiños cinéfagos como los citados pueden parecer facilones o anecdóticos a los ojos del espectador "amebado" o del intelectualoide cinéfilo-purista-ortodoxo, pero nada más lejos de la verdad. Sólo hay que observar a los imitadores de Tarantino para percatarse de que no es tan fácil "guiñar" al fan del cinema con estilo. Aunque en realidad me estoy deteniendo demasiado en detalles, así que iré al grano: Tarantino es un ratón "colorao", un perro verde del cine mundial y un genio porque es capaz de tomar la obra de otro autor y -desde el más absoluto respeto y admiración hacia el cineasta al que "saquea"- hacer con ella algo único, ambicioso y diferente. Como ya he dicho, sólo él puede plagiar city on fire de Ringo Lam y crear una oda al cine negro casi insuperable como Reservoir dogs o Tomar la línea argumental de La novia vestía de negro y volcar ahí kilotones de sabiduría cinéfila mezclada con miles de obsesiones y filias personales.
Pero la complejidad de si cine abarca mucho más. Recordando la -falsa- complejidad del guión de Pulp Fiction vemos como Tarantino donde mejor se desemvuelve es en el terreno del flash-back y de la narración forzada y retorcida hasta el límite. Pero, como ya hemos dicho, sin prescindir jamás de los detalles -Momentos como la secuencia de apertura de Pulp Fiction en la que, en un momento dado, escuhamos de fondo a Vincent Vega, son realmente impagables o la mirada que Buch le echa a Vincent en su primer encuentro en plan "esta te la guardo" para presenciar después que el boxeador acabará con la vida de nuestro ganster-.
Podría tirarme horas escribiendo sobre el universo de este cineasta -esos trajes de chaqueta que llevan los "gangs" de sus films sacados de El código del Hampa, los homenajes musicales a Las vampiras de Jess Franco, las cerraduras que se abren con el 666, visitas al cine de Almodóvar, los exquisitos gustos musicales, el fetichismo podal exacerbado...-, pero por ahora con esto es suficiente. No tardaré mucho en volver al mundo Tarantino. Hasta entonces, postrémonos ante sus films y adoremos la obra de un cineasta insobornable.



